domingo, 11 de diciembre de 2011

Compras Navideñas y Los Niños Buenos Siempre Reciben Regalos

No importa donde mire, sólo veo gente, gente y más gente. Señoras, señores, carajitos, adolescentes emo, familias enteras, curiosos, vendedores, lucesitas, olores de incienso que salen del stand new age, juguetes importados apilados, ropa interior y exterior, vapores que emanan de una olla eléctrica al lado de un anuncio de cartón que reza: Si hay plato navideño. En fin, en contra de mi salud mental estoy en una feria navideña.

Los que me conocen de toda la vida saben que no me gusta ese ritual llamado: salir de compras; me molesta caminar durante horas acompañando a alguien que está "viendo qué hay", esperar que te atiendan o te cobren, ver esa mirada perdida de la vendedora de libros cuando le preguntas: "¿Tienes lo último de Boris Izaguirre?", vamos, no le estoy preguntando quién está detrás del nuevo orden mundial. Cuando voy de compras navideñas procuro ir muy temprano y con lista en mano de ideas voy directo a los puesto que (a vuelo de pájaro) tendrán exactamente lo que estoy buscando; tal vez esta estrategia no me ayude a encontrar los mejores precios, pero garantizan la salida rápida del recinto.

-¿Ya encontraste algo que te guste?- Le pregunté a Rodrigo, culpable de mi desdicha de sábado a final de la tarde en la Feria Navideña del Ateneo, montada esta vez al sur de la Plaza Francia de Altamira.

-No sé, este está arrechísmo pero no me queda, este me gusta pero está muy puteado, aunque me gusta este de madera que hace juego con la pulsera de cuero que está acá.

La vendedora, una muchachita con más baño de crema en sus crespos que sinapsis en su cerebro, miraba al carajo que acomodaba los zapatos en el puesto de frente, acariciando con sus acrílicas, adornadas con motivos arabescos y diamantes de fantasía, el mostrador atestado de bisutería china camuflada de artesanía.

-¡Mira mija!-exclamó Rodrigo después de llamar su atención no menos de 5 veces

-¿ah? ¿Diga?- dijo la vendedorcilla sobresaltada.

-¿Que cuanto cuesta el anillo de la esquina?.

- 12 Bolívares señor.

-¿Y cuánto me lo dejas si te compro también el de madera, el negro y la pulsera de cuero y la de acero?

-Bueno, todo tiene distintos precios señor- Diligentemente la niña del baño de crema sacó un cuaderno con listas de precios y calculadora para sacar cuentas. Después de 10 minutos de búsquedas y torpes tecleos a la calculadora sacó la cuanta final - Todo son 250 bolívares señor.

-Pero mira, te voy a comprar todo esto, ¿no me puedes hacer un descuento?...

-¡Ay no se!- contesto la chica rascándose la cabeza con la punta de un lápiz Mongol -Hay que esperar que venga la dueña para preguntarle.

Yo estaba desesperado, un carajito había derramado Frescolita en mi pantalón -justo en la entrepierna- y ante la torpeza del infante su madre le vociferó: "¿No te dije que tuvieras cuidado?", y se lo llevó zarandeándolo como muñeco de trapo mientras el niño lloraba la pérdida de su refresco; el accidente con el niño no me molestó tanto, pero la violencia y maleducación de la progenitora me enfermó.

-Ro, ¿Vas a esperar que llegue la doña? -Le pregunté sacudiéndome el pantalón.

-¡Claaaaaro comadre!, hay que regatear- Rodrigo había confundido la Feria Navideña con un Bazar Persa.

-Bueno, yo voy al baño a ver si me puedo limpiar un poco el pegoste...

Ahí estaba yo, al borde de un ataque de nervios y con la entrepierna húmeda, fría y empalagosa. Alcé la mirada y vi el letrero que indicaba la dirección de los sanitarios, cuando frente a mi se presenta una mole de 1,90 con un plato de cartón donde se veían restos de una ensalada de gallina y una hallaca a medio comer.

-¿Quieres Pan de Jamón? Estoy full - Era Roberto con la boca atestada de comida.

-¡Verga! Cómete algo- Le dije en tono burlón

-¡Está buenísimo marico!, pero no puedo más.

-Te creo, pero no gracias, necesito ir al baño a limpiarme esto- Le dije mostrando la entrepierna

-¡Loca! yo también me emociono por la navidad, pero no es para que te mees encima.

-¡Si eres Marica!... No fue un auto goldenshower, un carajito me tiró su refresco y me mojó.

-¡¿Que pasa?!- Dijo Eduardo que se apareció con Javier, Daniel, Claudio y un Juan que servía de caletero de las compras del resto.

-Nada, que a la loca le tiraron un refresco en el pantalón.

-¿Y que era?- Preguntó Javier.

-Frescolita- Contesté.

- A ver... -Dijo Claudio sobando mi entrepierna ante la mirada atónita de una doña que llevaba una guirnalda, para luego llevarse la mano a la nariz y luego pasarle la lengua y saborear.-Si, es frescolita- confirmó después de una breve cata.

-¡Que ladilla!... Te vas a quedar húmedo y empegostado mi amor- Dijo Eduardo.

-Bueno, pero déjenme ir al baño para secarme un pelo...

-¿Qué baño marica?, aquí sólo colocaron unos baños portátiles afuera, la cola es larga y huelen horrible- Aclaró Daniel dejándome sin esperanzas.

-Y ahora ¿qué hago?... Juan, préstame tu koala, así por lo menos simulo.

Juan seguía cumpliendo su veto de castigo por el infame videito, por lo que tuvo que ceder sin chistar su koala de gigantes dimensiones. Me lo coloqué y verifiqué que no se notara nada.

-¡Comadre! pareces cachapera, quítate ese koala...-Dijo Rodrigo con su bolsita de fantasías chinas en mano.

-Nada que ver -Le dije- Prefiero quedar por cachapera que por meado... Vámonos de una vez de aquí.

-Ya nosotros estamos listos... Nos podemor ir si quieren- dijo Daniel apoyando mi moción.

-¿Y Roberto?- Dijo Juan en tono sumiso.

-¿Donde se metió la Marica esa?...- preguntó Claudio

-¡Llámala por teléfono, mándale un texto, un pin! ¡Lo que sea! pero salgamos de acá... Ya me está dando frío en los pantalones.-Supliqué.

Todos empezamos a buscar señal, al parecer la red estaba atestada o los cientos de aparatos de punto de venta en la gran carpa del bazar hacían interferencia. No pasaron 5 minutos cuando apareció Roberto pálido, como quién acaba de ver un fantasma.

-¡Vámonos ya!...

-Rober... ¿Que te pasa?- Pregunto Daniel...

-A la loca se le bajó la tensión... ¿Alguien tiene un caramelo?- dijo Rodrigo

-¡Ay no marica!... no te desmayes, yo no te voy a cargar- exclamó Javier...

-Yo tampoco, ya estoy llevando los paquetes- soltó Juan asumiendo el fin de su veto.

-No, no... No me voy a desmayar... Pero mejor nos vamos de acá, en el carro les cuento.

Nuevo cuento, maravilloso alivio para tan incómodo día. Todos aceptamos la propuesta de la graciosa huída y nos dirigimos al estacionamiento. Nos repartimos entre mi carro y el de Javier, zarpando rumbo a la licorería cara comprar vinos, refresco de limón, hielo (la noche pedía Tintos de Verano) y cigarros. Llegamos a la casa de Rodrigo, y una vez cómodos con bebida en mano reinó el silencio con nuestros ojos dirigidos a Roberto.

- ¿Y entoces papi?- Dije para romper el silencio- ¿Nos puedes soltar el cuento de la feria?

-Está bien... pero no se rían, ¡es muy fuerte!...

-No te preocupes mi cielo- soltó Daniel de manera irónica- Estás entre un grupo de amigos gays, mayores de 30, barrigones y con bebida en mano... El chalequeo está asegurado...

Roberto suspiró para encontrar fuerzas, y tras unos segundos de reflexión soltó el cuento con pelos y señales.

Después de unos 10 minutos de un bizarro cuento que incluía una sala de chat, un barranquillero fetichista que vive en el Valle y el papá Noel de la feria navideña, la carcajada invadió la sala, el edificio y el resto de la urbanización.

-¡¿Queeeeeee?!- Dijo incrédulo Cludio enjugando una lágrima tras la algarabía.

- ¡Un momento! ¡Juan!- grité- proclamo que quedas libre de tu veto... Roberto te ha ganado, y recibe el título de UltraCerda del año 2011.

-¡Quién no te conozca que te compre Robert!- Soltó Daniel.

Uno tras otro comenzamos a enumerar los atributos de los cueles se jactaba Roberto:

-Tan Pulcro...

-Tan Fino...

-Tan culto y viajado...

-Tan exquisito y exigente...

-Tan guarra como nosotros y más... Eso te pasa por hablador...

-¡Ay muchachos!-suplicó Roberto- Ya déjenlo hasta ahí... ¡Me siento sucio!...  Aunque tengo que confezar que, lo más traumático no fue cuando empezó a perseguirme por la feria, vestido de Santa, y suplicándome   que le explicara por qué no lo había vuelto a llamar que por qué no quería ser su novio, frente a todo el mundo...

-¿Es que hay más bochorno?...-Preguntó Javier con el morbo a millón.

-Si... Todavía tenía la mancha de semen en el traje de Santa...

Acto seguido, el tinto de verano salía por nuestras narices.

Conclusiones:

-Las chicas que atienden los puestos de una feria, pueden sufrir de muerte cerebral.
-No importa lo que detestes ir de compra, cuando la manada lo requiera deberás cumplir
-El peor sitio para que te caiga un líquido es la entrepierna
-Entre hombres gays hay tanta confianza como para comprobar el origen de un líquido que tengas en la entrepierna
-Los tintos de verano llegaron para quedarse
-Nunca acabes sobre el uniforme de trabajo de un levante






 

  

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