lunes, 19 de diciembre de 2011

Play Ball...

El gay es, por naturaleza, un transgresor de la norma social, puritana y católica, etc. Pero el  oso, es doblemente trasngresor, ya que se revela del cliché de la mariquita por un lado, y por el otro se pasa por el arco de triunfo toda esa parafernalia del deber ser, ya que...


...Con lipa y pelo en pecho, prefiere un macho en el lecho...


Además, para romper esquemas no hace falta ponerse unos tacones y cantar una de Mónica Naranjo, hay cosas más interesantes y divertidas que pondrán el mundo de cabeza; por ejemplo: Ser Fanático de un Equipo Deportivo  


Cuando era carajito no llegué a tener interés por ningún deporte, no tuve ningún tipo de motivación por parte de mis padres, principalmente de mi padre que llegó a intentar sólo una vez con el beisbol y el fútbol, tirando la toalla al instante. Estemos claros, después de 4 hijas llegué yo a romper el estatus cuo, pero papá y mamá ya estaban viejos y con otras cosas por las cuales preocuparse,como el viernes negro y la crisis financiera, pero eso no impidió que intentara hacer algo porque mis amiguitos lo hicieran; recuerdo haber intentado con el  Tennis, estar en Kárate para no pasar de la cinta naranja (tercer nivel), en el colegio jugar voleibol era una tradición obligatoria comparable al fútbol en los colegios de curas. Pasé por todo lo común, hasta que llegó la Gimnacia Olímpica (deporte ultra exigente pero bastante parcha al final) en la que no me fue muy mal, solo que mis ataques de vértigo no me dejaron hacer mortales ni otras cosas extremas, pero hay que destacar que un entrenamiento diario de 500 abdominales y 200 flexiones de pecho en parada de mano me fueron suficiente para abandonar el cuerpo de adolescente adicto a la televisión que me caracterizaba. También tomé unas fugaces clases de natación a los 5 años, un pequeño entrenamiento de 2 semanas en una traumática piscina para adultos que terminaron convirtiéndose en un curso de supervivencia en aguas profundas, algo muy importante si uno vive en un pueblo costero.


Como podrán notar, no estuve muy alejado de una "infancia común", un tanto "mimado" y desmotivado por mis padres, tal vez, pero eso no impidió que intentara cosas nuevas, aunque nunca logré comprender la importancia que tiene los deportes para La Salud Social del Individuo... 


¿La Salud Social del Individuo?... Si... Salud Social...


Tal como yo la conceptualizo (con bastantes pretención erudita), esta sanidad social a través del deporte no tiene que ver con ser una estrella destacada o tener un excelente físico que sea la envidia de todos; tampoco se trata de ampliar tus niveles de resistencia respiratoria, afinar los reflejos para el ataque o fortalecer los músculos, no, se trata de formar parte de esa masa de gente que vitorea al equipo, detesta al rival, y entre maracas, pitos y cervezas, dirige todas sus energías al campo de juego en un intento de transmutarlas en un mayor desempeño de los jugadores para lograr la victoria. En fin, es ser parte de la fanaticada.


Una persona es socialmente saludable en el mundo deportivo si es fanático de un equipo, no importa la disciplina o el número de disciplinas (con una ya es suficiente); pero eso si, deberá ser algo ámpliamente conocido y seguido: Ser fanático de "Los Toros" de Lozano (hipotético equipo de bolas criollas en el interior del país) no es, ni en lo más mínimo, tan saludable como ser caraquista o magallanero (si es beisbol), seguidor del Petare (fútbol), excitarse por los triunfos de la McLaren (F1) o admirador de Marinos de Oriente (en el caso del basquet); todo aquello que salga de estas disciplinas será cosa de bicho raro.


Tomando en cuenta esta premisa, y aprovechando la cantidad de amigos heterosexuales que tengo con altos niveles de sanidad social deportiva, decidí tomar el autobus y adentrarme en el mundo del espectador y fanático, con la finalidad de ser uno más del común, dejar de ser un bicho raro, el marico que no es afeminado, el intelectual que está frito, esas son cosas para adolescentes intensos, ya era hora de "crecer".


Primer acto: Fútbol...


Antes de la Vinotinto, la única forma de disfrutar un buen partido que fuera del agrado de todos era con los mundiales. Llegué a tener admiración por los equipos de Holanda y Brasil en la época de los 90's, el resto me parecían petulantes y engreídos, cosa que pude comprobar con el tiempo con la caída de "titanes" europeos y sudamericanos ante la Selección Española para el año 2010, cumpliendo la profesía de Las Supremas de Mostoles.


Mucha emoción y algarabía, le agarré cariño al fútbol, pero más allá de la obligatoria vinotinto no ha habido nada que me haga fanático y me llene de emoción... Ojo, llegué a asistir a un partido doble durante la copa américa en Barquisimeto, recuerdo vagamente que jugó Argentina, y San Messi estuvo en el campo de juego, pero me enfermé y estuve prendido en fiebre durante los dos partidos sentado en unas butacas hiper incómodas sin que nadie me parara bolas. Un trauma total.


Segundo Acto: Basquet...  


De esta disciplina he conocido muy poco, si bien en Los Estados Unidos es algo que vuelve loco a todo el mundo, principalmente en los centros de comercio mundial como Nueva York y Chicago, siempre me pareció una disciplina dirigida a los estratos c, d y f, de la población (cliché bastante racista y clasista de mi parte, del cual me avergüenzo totalmente).


Para mi suerte, el año pasado trabajé en un evento durante la temporada de Basquet (2011), con una famosa cadena de ferreterías. Pude ir a partidos en vivo en los estadios de Caracas, Puerto La Cruz y La Guaira, cambiando totalmente mi impresión respecto al juego. Las entradas son bastante caras y limitadas, y más si son los juegos finales. En los estadios se encontrarán personas de todos los estratos sociales apoyando a su equipo; unos meneando un wisky 18 y otros un tercio de pilsen, pero todos coreando cánticos a su equipo.


Tercer Acto: Beisbol...


¡Mi amor maduro!


Uno de los deportes que jamás pretendí practicar, me parecía muy complicado. Te podías especializar en el bateo o el lanzamiento si querías sobresalir, también podías ser Catcher o Jardinero estrella, aunque son papeles secundarios. Pero eso si, si te metes en eso deberás jugar en todas las posiciones hasta que encuentres tu nicho, el punto donde todas tus habilidades son aprovechadas y potenciadas. Realmente nunca me interesé en este viaje narniano, pero si quería ser parte de esto sin tener que recorrer las bases o sobresalir, había otra forma de formar parte del equipo sin ser hábil en la disciplina o ser la mascota... ¡Ser fanático!


Ojo, tampoco fue tarea fácil, requirió muchas salidas con fanáticos de diversos equipos donde pasaba de la neutralidad a un apoyo ocasional. Durante un tiempo apoyé a Cardenales, también gocé con Las Águilas Maracuchas, filrtié con los Navegantes sin mayores consecuencias y llegué a voltear al Bullpen de los descontinuados "Pastora de Los Llanos", pero no hubo nada que me inspirara a tener una relación que durara toda la vida; hasta que, un golpe de suerte me llevó al Estadio Universitario donde me gocé (a mis 25 años) mi primer partido Caracas-La Guaira.


Esa algarabía, la samba, la serenidad y humildad del fanático de la Guaira me impactó, no tenía nada que ver  con las rabietas de los Caraquistas, los resentimientos de  los Magallaneros o los aires de nuevo rico de Los Tigres de Aragua. Me parecieron el equipo de la gente divertida y chévere, chalequeadora que no se pica con chalequeos. Además ¡Yo Nací en La Guaira!, ¡En un Hospital de la Parroquia Maiquetía!, estaba frente a una obligación moral que me traería más satisfacciones que desagrabios, a pesar del historial del equipo...


Ese día jugaron de manera fenomenal, tras cada ining donde se botaban salía corriendo a la tienda de los Tiburones en el Estadio y me compraba algo más. Salí con camisa, gorra, vaso, llavero... El partido estuvo parejo durante los 9 ínnings donde los equipos se dieron hasta por la cédula, y todo el estadio se caía en vítores. Al final Los Tiburones vencieron a Los Leones en una jornada que sería admirada por todos los asistentes, sin importar a quién apoyaran, la jornada fue una batalla de caballeros. Mis amigos que me llevaron al estadio, que son fanáticos de Los Leones salieron bastante satisfechos y se gozaron mi transformación de un neófito del beisbol a un fanático lleno de adrenalina por la victoria.


Según ellos era como un carajito que, tras su primera visita al estadio, decidía a cual equipo apoyaría por el resto de su vida sin importar lo que dijera su familia... cosa que me pareció bastante curiosa, ya que me recordaba a ese día que tras una serie de meditaciones y vivencias acepté mi homosexualidad, y decidí salir del closet para vivir mi vida como mejor me pareciera...


Siempre fui un Fanático de los Tiburones de La Guaira, pero estaba en el closet.


Ahora no me importa la fecha o si estamos en temporada, me encanta salir con la indumentaria que refleje mi pasión por Los Escualos Varguenses. Me emociono cuando veo que suben de posición en las tablas para las eliminatorias y gozo una bola cuando dicen que son unos malos que no llegan a nada, porque me dan chance de responderles: no me importa, somos el equipo de los fanáticos alegres y la barra divertida.


Me encanta el beisbol, pero debo decir que no ha sido cosa fácil tampoco ser fanático con todas las de la ley siendo un gay abierto para amigos, familiares y conocidos... He tenido encontronazos con muchos, principalmente gays, varones heterosexuales que están saliendo de la cultura homofóbica y mujeres, para ellos no es coherente que un gay liberado tenga ese tipo "de inclinaciones".


Al final la moraleja será la implacable sentencia de la satisfacción democrática: Satisfacer a todos es algo imposible.


PD: Si bien nombré la F1, fué por cortesía, esa vaina no es un deporte...

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