viernes, 11 de mayo de 2012

Osos Offshore

A finales de mayo me fui para Mexico con mi pareja. No saben lo barato que fue, ni me consumí el cupo de CADIVI completo ¡Imagínense!.

Como todo turista visité los sitios de interés: museos, pirámides, restaurantes, pueblitos, zócalo, etc. Pero, aprovechando que estábamos con nuestro Chilanguito Preferido: Andy Harik (que no es oso pero le va la nota), le pedí hacer un recorrido por los bares, antros y discotecas del Distrito Federal.

Se pueden imaginar que en una ciudad donde vive un número superior a los 20 millones de habitantes, no hay sólo un par de bares, hay un montón y es insuficiente para satisfacer a toda la jotería (término mexicano, de carcelario orígen, para definir a la maricocracia desde la A hasta la Z). Obviamente, mi interés se enfocó a conocer los bares de osos, porque como en esta ciudad no hay de esos (tal vez sea la demanda), era de esperarse que me encontrara en modo Antropólogo-Sociólogo analizando la conducta social de tal espécimen:  El Urso-Mexica-Urbanus.

Nuestro amigo, al cual conozco hace más de 10 años vía web nos recogió en el aeropuerto; era la primera vez que nos topábamos de frente a frente en el esplendor de nuestras virtudes y vergüenzas, pero con mucho cariño: ¡como de toda la vida!; ahí pude comprobar que más allá de los cyber-sex-friend que uno encuentra en la maraña de del www, también se pueden hacer amigos a distancia y es increíble.

-¡Bienvenidos a México!... ¡Que alegría que hayan llegado!... ¿Cómo estuvo el vuelo?- Comenzó Andrés ya encaminado al hotel...

-¡Gracias mi vida!... ¡Por fin estamos de tu a tu!... ¡Gracias por buscarnos!...- le dije con entusiasmo de hermano reencontrado en Sorpresa Sorpresa...

-¡No hay de qué!...- Respondió, y aproveché el semáforo para abrazarlo y estamparle un bezaso en el cachetón...

En el camino hablamos del vuelo horrendo (gracias COPA AL), la política de Venezuela, la salud del que no puede ser nombrado (ya estoy acostumbrado a la autocensura), y la movida, claro está. Haciendo énfasis en la comunidad osuna.

-Acá, en DF hay 2 bares de osos, creo... No estoy seguro- Empezó a exponer Andrés- Hay uno en Zona Rosa, y creo que había otro por el centro pero no sé si está cerrado...

-¡Bueno! Hoy vamos ¿no?... A cualquiera, no importa...- Solté sin recordar que habíamos estado en un avión unas 4 horas y el cuerpo no daba para más, después me daría cuenta...

-Pero... ¡Que oso con lo de los osos!... La verdad te digo Dave: En los bares de osos se pasa mucho calor, y además es muy extraño porque todos han cojido con todos, además son medio divas, no te creas...

Al parecer, la comunidad osuna en DF era (o es) tan cerrada, que les da por practicar la endogamia, sea con fines matrimonales o recreaciones, todos se han comido el culo de una manera u otra, cosa que enturbiaba el ambiente, pero estaba decidido a estudiarlos en su hábitat.

Ese día, no fuimos, tuve que esperar al fin de semana siguiente, y ahora viéndolo fue mejor, ya que tuve una semana entera para investigar un poco sobre la sociedad mexicana en general: heterocrática, maricocrática, con coche, el de a pié, el de metro, el de metrobus (son distintos por los precios), el de DF y el del Estado de México que hace vida en DF pero no puede rentar porque se le iría el 90% del sueldo.

HORA DE INVESTIGAR  

El Método: Ir al Bar que está abierto (Zona Rosa), escuchar la música, hacer paneo general y encontrar quién desea entablar un careo (miradas fijas en búsqueda de sexo) con un par de venezolanos que son carne fresca en el local de una manada establecida y pon pretensiones de abolengo.

Detalles a auditar:

  • Presencia de íconos
  • Pinta de los asistentes: ropa, pelo, panza
  • Desempeño de la manada en puntos claves: barra, baños y pista de baile
  • Nivel de discriminación en la entrada

INFORME DE LABORATORIO SOCIAL:

No más llegar fuimos victimas de miradas malignas, esas que te susurran al duodeno ¿Quién Eres? ¿Qué haces aquí?, nota mental: a los osos de DF no les gustan los nuevos en la manada.

Al entrar, todo fue amabilidad y cortesía; claro está: después de pagar el cover y preguntar si hay punto de venta (no había) revelando nuestro acento caribeño, aquello fue desvivirse por parte del goriló de la entrada que se olvidaba de ti una vez cruzaras la esquina.

Ya dentro vuelven las miradas inquisidoras, de odio y deseo combinados, los emparejados se aferran a su relación y torciendo la mirada marcaban el territorio. Los solteros pero asiduos inundaban cada proyecto de esquina donde pudieras tomarte tu birra tranquilo, como quién defiende el espacio de la manada. Los desesperados, no apartaban la vista lujuriosa de nuestros cogotes, pero eran tan feos que no provocaban nada (que pecado).

La cerveza, obligatoriamente pagada en efectivo, estaba normal, la música buena pero no mejor que en bar de jotos normales al que habíamos ido el día anterior. Habían bastantes íconos: banderas, peluches, afiches leather, etc. Las pintas: desde leñador hasta loquita fuerte, unos depilados y otros peludos, pero con más pluma que almohada fina; sólo había que echar un ojo a una tarima que había en la pista de baile donde un cuarteto de gorditos (unos ni fu y otros ni fa) se tongoneaban al ritmo de Fangoria con sus lipas sudorosas al aire: girando, cadereando y haciendo agachadas pasivas dignas de JL, mientras saboreaban el sudor de sus labios y miraban al público (su público) con esos ojos de: ¡Na'guevonada! ¡Lo dessssseeeeoooo!.

Humedad a mil, en un local con menos ventilación que Copa's en quincena, eso era una birra y sigue la ruta de locales... Ya estábamos listos para marcar la milla cuando escuchamos el inconfundible sonido de un vaso reventado contra una pared mientras sonaba Pantera en libertad de Mónica Naranjo. Acto seguido, un gordo con la nariz pirceada le mete un cachetón a lo Joan Colins a un obeso chaparro que terminó estampado contra la base de la barra mientras todos disfrutaban el happy hour de 3X60 pesos... Gritos de barítonos y emasculados acayaron a la naranjo mientras, un bando se enfrentaba contra el otro y un par de flacas bebían su coctel en una esquina como damas romanas en el coliseo.

Salimos corriendo en pleno barullo, mientras dos gorilones de la puerta entraban al local llevándose por delante osos, cachorros, daddyes, chasers y demás. Uno de los gorilones seguía en su puesto para abrir la puerta:

- ¿Quieren un sello para volver entrar?-Nos preguntó mientras abríamos la puerta para salvar nuestras vidas
-¡Nooooo mi hermano!... ¡Nos vamos porque no tengo seguro!...- le contesté con la adrenalina a millón
-Recuerden que en junio es el desfile del Orgullo, ¿Van a la caravana de osos?-... Silencio incómodo...

Ahí entendí la frase: ¡No manches Güey!


Adentrame en los antros dedicados a dicho público con la compañía del guía designado.

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